De pequeña, los efectos de sonido que podías escuchar en películas, series o cualquier contenido auiovisual me fascinaban. La palabra es deleitarse.
No siempre, pero si me concentro puedo dejarme llevar por una caricia, por un susurro, por un desgarro en la piel. Cuanto más sutil mejor. El contraste con el silencio me eriza los pelos de los brazos. Cierro los ojos y me voy a donde esté esa caricia, ese susurro, o ese desgarro en la piel.
Es como mecerse, deslizarse en el viento.
Y aun a día de hoy, cuando estoy triste o me siento sensible, recurro a ellos; son mi consuelo, son una caricia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario