miércoles, 5 de febrero de 2014

A merced de.

Vivo en un décimo piso. Durante estos días, el viento no ha parado de soplar, el agua de caer y los truenos, de retumbar.

Mi ventana (que hasta hace no mucho no cerraba bien) vibra de vez en cuando, y me da la sensación de que si me asomase para caer, este vendaval podría zarandearme infinitamente a su merced.

¿Qué siente una pluma en medio de las fuertes corrientes?

¿Qué siente una hoja en el tempestuoso mar?

El mar. Envuelto en la noche, fundiéndose con un cielo negro como las profundidades.
Y sin embargo, ese mar negro que se agita y todo lo arrastra, produce un ruido blanco.
Blanco como la espuma.


A veces me gustaría ser una pluma en el aire, una hoja en la mar. Y no pensar.