martes, 12 de mayo de 2015
Y de nuevo
Ojala no tuvies que coger un lápiz nunca más. Me arrepiento de ti, y de ti, y de todos los que me rodeais. ¿Cómo no me voy a frustrar?¿Cómo no voy a retorcerme por dentro si sois todo lo que veo? Y os detesto. No sois vosotros, sois yo. Me he creado esta identidad. Ahora es mio y ya no se puede despegar. Se abre el telón pero resulta que ya estaba abierto y que lleva ahi todo el rato. Menudo despiste, ¿no? La pereza, vagancia, y todos los sinónimos que puedan ocurrirseme se amalgaman en mi cama mientras estoy dentro y giro y giro y giro para no parar. Actividades cortas que mantengan mi atención. No importa la comida, no importa esa ceniza que cae, y menos importa que han pasado diez horas y no te has movido. Diez horas y no te has movido. Diez horas y no te has movido. Diez horas. Y no te has movido. Diez.
miércoles, 25 de marzo de 2015
En blanco
Una libreta nueva es tu enemigo. No te fies de ella. No acaricies sus páginas. No te embriagues en su olor a nuevo. No admires la pureza de su blancura. No escribas en rojo la fecha en la primera página.
No te das cuenta, pero se lo has arrebatado todo. Las has manchado, está sucia, ya no resplandece. La has usado para darte nuevas esperanzas, pensando que podías empezar de nuevo. No te importaba en absoluto que podía pensar ella. Pero ahora ya es tarde, has empezado a escribir.
Tienes ante ti una primera página perfecta, escritura pulquérrima, tinta negra sobre fondo blanco. Incluso te has molestado en escribir las mayúsculas con una delicada caligrafía. Encantador.
Te dedicas a escribir, día si, día no, día tampoco y día tal vez. Ya no usas esa caligrafía en las mayúsculas. Ya no importa el color que usas para la fecha. Ya no buscas esa pluma negra para escribir, ahora cualquier bolígrafo vale.
Página tras página tu deseo de escribir se hace más pequeño. Ahora huele un poco a podrido, y toda la esperanza que habías puesto en esa libreta se ha vuelto una masa de apatía, pegajosa y gris.
Guardas la libreta bajo un número de cosas olvidadas en un cajón, diciendote que no tienes ganas, que ahora no es el momento. Te culpas a ti mismo por no ser constante, por no trabajar, por no tener más fuerza de voluntad. Te hundes, esperando la amargodulce autocondescendencia.
Y todo esto por no saber que la libreta no es tu aliada. Tu culpa.
No te das cuenta, pero se lo has arrebatado todo. Las has manchado, está sucia, ya no resplandece. La has usado para darte nuevas esperanzas, pensando que podías empezar de nuevo. No te importaba en absoluto que podía pensar ella. Pero ahora ya es tarde, has empezado a escribir.
Tienes ante ti una primera página perfecta, escritura pulquérrima, tinta negra sobre fondo blanco. Incluso te has molestado en escribir las mayúsculas con una delicada caligrafía. Encantador.
Te dedicas a escribir, día si, día no, día tampoco y día tal vez. Ya no usas esa caligrafía en las mayúsculas. Ya no importa el color que usas para la fecha. Ya no buscas esa pluma negra para escribir, ahora cualquier bolígrafo vale.
Página tras página tu deseo de escribir se hace más pequeño. Ahora huele un poco a podrido, y toda la esperanza que habías puesto en esa libreta se ha vuelto una masa de apatía, pegajosa y gris.
Guardas la libreta bajo un número de cosas olvidadas en un cajón, diciendote que no tienes ganas, que ahora no es el momento. Te culpas a ti mismo por no ser constante, por no trabajar, por no tener más fuerza de voluntad. Te hundes, esperando la amargodulce autocondescendencia.
Y todo esto por no saber que la libreta no es tu aliada. Tu culpa.
Las libretas no perdonan.
domingo, 18 de enero de 2015
SFX
De pequeña, los efectos de sonido que podías escuchar en películas, series o cualquier contenido auiovisual me fascinaban. La palabra es deleitarse.
No siempre, pero si me concentro puedo dejarme llevar por una caricia, por un susurro, por un desgarro en la piel. Cuanto más sutil mejor. El contraste con el silencio me eriza los pelos de los brazos. Cierro los ojos y me voy a donde esté esa caricia, ese susurro, o ese desgarro en la piel.
Es como mecerse, deslizarse en el viento.
Y aun a día de hoy, cuando estoy triste o me siento sensible, recurro a ellos; son mi consuelo, son una caricia.
No siempre, pero si me concentro puedo dejarme llevar por una caricia, por un susurro, por un desgarro en la piel. Cuanto más sutil mejor. El contraste con el silencio me eriza los pelos de los brazos. Cierro los ojos y me voy a donde esté esa caricia, ese susurro, o ese desgarro en la piel.
Es como mecerse, deslizarse en el viento.
Y aun a día de hoy, cuando estoy triste o me siento sensible, recurro a ellos; son mi consuelo, son una caricia.
viernes, 9 de enero de 2015
La felicidad.
Le dolía. No habían sido de ayuda ni las tiritas, ni las vendas, ni las distracciones ni las visitas al hospital. Se abría una y otra vez y otra vez y vez y otra.
Navegamos en la nieve, rodamos cuesta abajo en el océano, volamos por el campo y las nubes nos latigaron los tobillos cuando las atravesabamos a toda velocidad.
Nos comimos todo lo incomible e hibernamos durante siglos.
Y no bastó. La veía contrastando en la nieve, disipándose en el océano, manchando cada flor y cada hierba, mezclándose con la lluvia en pequeñas gotas.
Brotaría para siempre.
Navegamos en la nieve, rodamos cuesta abajo en el océano, volamos por el campo y las nubes nos latigaron los tobillos cuando las atravesabamos a toda velocidad.
Nos comimos todo lo incomible e hibernamos durante siglos.
Y no bastó. La veía contrastando en la nieve, disipándose en el océano, manchando cada flor y cada hierba, mezclándose con la lluvia en pequeñas gotas.
Brotaría para siempre.
En algún momento de la tercera eternidad, encontró la solución definitiva.
Nos fusionamos en un abrazo de una sola persona
y nunca sentí tanto frío.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)