Navegamos en la nieve, rodamos cuesta abajo en el océano, volamos por el campo y las nubes nos latigaron los tobillos cuando las atravesabamos a toda velocidad.
Nos comimos todo lo incomible e hibernamos durante siglos.
Y no bastó. La veía contrastando en la nieve, disipándose en el océano, manchando cada flor y cada hierba, mezclándose con la lluvia en pequeñas gotas.
Brotaría para siempre.
En algún momento de la tercera eternidad, encontró la solución definitiva.
Nos fusionamos en un abrazo de una sola persona
y nunca sentí tanto frío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario