¿Por qué iba a querer escribir, si niquiera quiero dibujar?
Pero lo hago, lo hago, lo hago.
Veo mi reflejo en la pantalla, pero nunca es lo importante. La pantalla. La pantalla.Me ilumina. Busco lo que sé que voy a encontrar, aunque sea de mentira, aunque sea una falsa alarma. Falsa alarma, falso consuelo.
La pantalla se queda en la pantalla. Las necesidades se cubren como pueden. Depende de lo que diga la pantalla. Incluso aunque no diga nada dice algo, la pantalla.
La vista solo percibe desorden, yo solo percibo desorden. Tal vez sea la ciudad, tal vez la habitación. Pero no la pantalla, la pantalla no. Tal vez sea yo, aunque eso ya lo sepa.
Uno no puede permitirse ir por la calle de manera solitaria. La gente ¡qué molesta! Caminan y caminan a estas horas. Yo ¡qué molesta! ¿Qué haré fuera de casa? Vayánse, vayánse por donde no han vuelto.
Número 15, piso tres, puerta de la izquierda, a la derecha. Lo más parecido a una habitación caótica. La pantalla me da la bienvenida.
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